Sócrates

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Definición

Joshua J. Mark
por , traducido por Manuel Luján
Publicado el 02 septiembre 2009
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Texto original en inglés: Socrates

Socrates Bust, Vatican Museums (by Mark Cartwright, CC BY-NC-SA)
Busto de Sócrates, Museos Vaticanos
Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

Sócrates de Atenas (aprox. 470/469-399 a.C.) se encuentra entre las personas más famosas de la historia universal debido a sus contribuciones en el desarrollo de la filosofía de la antigua Grecia, las cuales proporcionaron los cimientos de toda la filosofía occidental. Es por esta razón que se lo conoce como “el padre de la filosofía occidental”.

Originalmente era escultor, y es posible que haya tenido otras diversas ocupaciones, entre ellas la de soldado, hasta que el oráculo de Delfos le dijo que era el hombre más sabio del mundo. Con el objeto de demostrar que el oráculo se equivocaba, se embarcó en la misión de interrogar a todos aquellos que eran considerados los más sabios, y, al hacerlo, demostró que el oráculo estaba en lo correcto: Sócrates era el hombre más sabio del mundo porque no afirmaba saber nada de importancia.

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Su discípulo más famoso fue Platón (aprox. 428/427-348/347 a.C.), quien lo honró con la creación de una escuela en Atenas (la Academia de Platón) y, aún más, con los diálogos filosóficos que escribió en los que Sócrates es el personaje principal. Aún se discute qué tan genuina es la representación de las enseñanzas de Sócrates que se hace en los diálogos de Platón, y es posible que jamás se llegue a una respuesta definitiva. El más famoso de los discípulos de Platón fue Aristóteles de Estagira (384-322 a.C.), quien luego instruyó a Alejandro Magno (356-323 a.C.) y fundó su propia escuela. A través de esta sucesión, la filosofía griega, de la manera en que fue concebida en primer lugar por Sócrates, se expandió por el mundo conocido durante las conquistas de Alejandro y luego de estas.

Si bien la historicidad de Sócrates no ha sido discutida, el contenido real de sus enseñanzas es tan elusivo como los preceptos filosóficos de Pitágoras o las enseñanzas posteriores de Jesús, ya que ninguno de ellos dejó escritos de su autoría. A pesar de que se suele considerar que Sócrates inició la disciplina de la filosofía en Occidente, la mayor parte de lo que sabemos de él viene de las obras de Platón y, en menor medida, de otro de sus discípulos, Jenofonte (430-aprox. 354 a.C.). También se ha intentado reconstruir su visión filosófica con base en las muchas otras escuelas filosóficas fundadas por sus discípulos, además de la de Platón, pero son demasiado variadas para definir las enseñanzas originales que las inspiraron a todas ellas.

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La versión de Sócrates que nos ha llegado al presente desde la antigüedad podría ser en gran parte una construcción filosófica de Platón; en efecto, según el historiador Diógenes Laercio (aprox. 180-240 d.C.), muchos contemporáneos de Platón lo acusaban de reinventar a Sócrates a su propia semejanza para promover su interpretación del mensaje de su maestro. Independientemente de esto, la influencia de Sócrates terminaría sentando las bases de las corrientes filosóficas que llevaron a la formulación de la filosofía occidental y el pensamiento cultural subyacente de la civilización occidental.

Vida temprana y carrera

Sócrates nació alrededor del 469/470 a.C.; sus padres eran el escultor Sofronisco y la partera Fenáreta. Estudió música, gimnasia y gramática en su juventud (las disciplinas de estudio comunes para un joven griego) y siguió la profesión de su padre como escultor. Según la tradición fue un artista excepcional, y se dice que su estatua de las Gracias, en la entrada a la Acrópolis, fue admirada hasta en el siglo II d.C. Sócrates se distinguió en el ejército, y salvó la vida del general Alcibíades en la batalla de Potidea.

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Se casó con Jantipa, una mujer de clase alta, a la edad aproximada de 50 años, y tuvo tres hijos con ella. Según autores contemporáneos de él, como Jenofonte, estos muchachos eran increíblemente tontos y no se parecían en nada a su padre. Aparentemente, Sócrates vivió una vida relativamente normal hasta el momento en que el oráculo de Delfos le dijo que era el más sabio entre los hombres. Su intento de desafiar la sentencia del oráculo dio inicio a la carrera que lo llevaría a convertirse en filósofo y en fundador de la filosofía occidental.

El oráculo y Sócrates

Cuando Sócrates estaba en la mediana edad, su amigo Querefonte le preguntó al oráculo de Delfos si había alguien que fuera más sabio que aquel, a lo cual el oráculo respondió “ninguno”. Sorprendido por esta respuesta, y con la intención de demostrar que el oráculo se equivocaba, Sócrates comenzó a interrogar a las personas que eran “sabias”, según la opinión que ellos mismos y que los demás tenían de ellos. Descubrió, para su gran sorpresa, “que los de mayor reputación de sabios estaban casi carentes de ella, mientras que aquellos que parecían inferiores eran más inteligentes” (Platón, Apología, 22).

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Los jóvenes de Atenas se maravillaban observando a Sócrates cuestionar a sus mayores en el mercado, y pronto obtuvo un séquito de jóvenes que lo seguían. Por su ejemplo y sus enseñanzas, muchos de ellos abandonaban sus aspiraciones y se dedicaban a la filosofía (del griego “philo”, amor, y “sophía”, sabiduría; literalmente, “amor por la sabiduría”). Entre estos se encontraban Antístenes de Atenas (aprox. 445-365 a.C.), fundador de la escuela cínica; Aristipo de Cirene (aprox. 435-356 a.C.), fundador de la escuela cirenaica; Jenofonte, cuyas obras influirían en Zenón de Citio (aprox. 336-265 a.C.), fundador de la escuela estoica; y el más famoso de ellos, Platón (autor de los Diálogos, las principales fuentes de información acerca Sócrates), entre muchos otros. Todas las escuelas filosóficas importantes mencionadas por los escritores antiguos luego de la muerte de Sócrates fueron fundadas por alguno de sus seguidores.

Socrates' Prison, Athens
Prisión de Sócrates, Atenas
Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

Escuelas socráticas

La diversidad de estas escuelas demuestra la amplitud de la influencia de Sócrates y, aún más importante, la diversidad de las interpretaciones de sus enseñanzas. Los conceptos filosóficos enseñados por Antístenes y Aristipo no podrían ser más diferentes, en cuanto aquel enseñaba que la buena vida solo podía lograrse mediante el autocontrol y la abnegación, mientras que este postulaba que una vida de placer era el único camino que valía la pena transitar.

Se suele decir que la mayor contribución de Sócrates a la filosofía fue cambiar el foco de la búsqueda intelectual, pasando de la “ciencia física” (desarrollada por los “filósofos presocráticos”, como Tales, Anaximandro, Anaxímenes y otros) al mundo abstracto de la ética y la moral. Más allá de la diversidad de escuelas que se reconocían herederas de sus enseñanzas, todas ellas ponían el énfasis en algún tipo de moral como su base fundacional. El hecho de que la moral propuesta por una escuela fuera rechazada por otra es evidencia de la gran variedad de interpretaciones del mensaje central de Sócrates.

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A pesar de que los estudiosos tradicionalmente se han basado en los Diálogos de Platón como fuente para conocer al Sócrates histórico, los contemporáneos de Platón afirmaban que este había creado a un personaje al que llamaba “Sócrates” al que utilizaba como vocero de sus propias visiones filosóficas. Célebres entre estos eran Fedón, autor de obras que no se han conservado y compañero de Platón cuyo nombre es famoso por uno de los diálogos más influyentes de este, y Jenofonte, cuya obra Memorabilia ofrece una visión de Sócrates distinta de aquella mostrada por Platón.

Sócrates y su visión

De cualquier modo en que se interpreten sus enseñanzas, parece claro que el foco principal de Sócrates estaba puesto en cómo vivir una vida buena y virtuosa.

De cualquier modo en que se interpreten sus enseñanzas, parece claro que el foco principal de Sócrates estaba puesto en cómo vivir una vida buena y virtuosa. La frase que Platón le atribuye de que “una vida sin examen no es digna de ser vivida” (Apología, 38b) parece ser cierta, en tanto él realmente inspiraba a sus seguidores a pensar por sí mismos en lugar de seguir los preceptos de la sociedad y las supersticiones sobre los dioses y el comportamiento humano.

A pesar de las diferencias entre la imagen de Sócrates que dan Platón y Jenofonte, ambos lo describen como un hombre al que no le importaban en absoluto las distinciones de clase ni el “comportamiento apropiado”, que hablaba con la misma naturalidad con mujeres, sirvientes y esclavos que con aquellos de las clases más altas.

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En la antigua Atenas, el comportamiento individual se estaba relacionado con un concepto conocido como “eusebia”, que a menudo se traduce como “piedad”, pero que se acerca más al concepto de “deber” o al de “lealtad a un camino”. Al negarse a cumplir con los preceptos sociales ordenados por la eusebia, Sócrates enfureció a muchos de los hombres más importantes de la ciudad, dándoles motivo para acusarlo de manera legítima de haber roto la ley al incumplir estas costumbres.

El juicio a Sócrates

En el 399 a.C., Sócrates fue acusado de impiedad por el poeta Meleto, el curtidor Ánito y el orador Licón, quienes buscaban que se le diera la pena de muerte. La acusación decía: “Sócrates es culpable, en primer lugar, de negar a los dioses reconocidos por el Estado e introducir nuevas divinidades y, en segundo lugar, de corromper a los jóvenes”. Se conjetura que estas acusaciones estaban motivadas tanto por razones personales como políticas, ya que Atenas buscaba eliminar todos aquellos elementos asociados con el flagelo de los Treinta Tiranos de Atenas, que acababan de ser depuestos.

La relación entre Sócrates y este régimen venía por su antiguo discípulo, Critias, que era considerado el peor de los tiranos y de quien se decía que había sido corrompido por Sócrates. También se sugiere, con base en el diálogo platónico Menón, que Ánito culpaba a Sócrates por corromper a su hijo. Según se dice, Ánito había estado preparado a su hijo para una vida dedicada a la política hasta que el muchacho comenzó a interesarse en las enseñanzas de Sócrates y abandonó sus aspiraciones políticas. Como los acusadores tenían a Critias como ejemplo de que el filósofo corrompía a los jóvenes, parece que el precedente era conocido por el jurado, aunque esta evidencia no haya sido utilizada en el juicio.

The Death of Socrates
Muerte de Sócrates
Jacques-Louis David (1748-1825) (Public Domain)

Ignorando el consejo de sus amigos y rechazando la ayuda del virtuoso orador Lisias, Sócrates decidió defenderse solo en el tribunal. Los abogados no existían en la antigua Atenas, y los litigantes contrataban, en cambio, a un redactor de discursos. Lisias estaba entre los que cobraban más caro por sus servicios, pero, debido a su admiración por Sócrates, se los ofreció de manera gratuita.

Lisias usualmente presentaba al acusado como un hombre bueno que había sido calumniado con una acusación falsa, y este era el tipo de defensa que el tribunal esperaba que Sócrates utilizara. Sin embargo, en lugar de justificarse y rogar por su vida, Sócrates desafió al tribunal ateniense, alegando su inocencia y presentándose a sí mismo como el “tábano” de Atenas: un benefactor que se sacrificaba para mantenerlos despiertos y conscientes. En la Apología de Platón, Sócrates dice:

Si me condenan a muerte, no encontrarán fácilmente, aunque la comparación suene ridícula, a otro que esté junto a la ciudad como una especie de tábano junto a un caballo grande y noble pero lento por su tamaño, que necesita ser aguijoneado. Parece que el dios me ha puesto junto a la ciudad con ese propósito, y por eso estoy constantemente posándome junto a ustedes, para despertarlos, persuadirlos y reprocharlos todo el día. (Apología, 30e)

Platón deja en claro en su obra el escaso contenido de las acusaciones contra Sócrates, pero también enfatiza la indiferencia de Sócrates hacia las sensaciones del jurado y el protocolo del tribunal. Se lo muestra a Sócrates rechazando el asesoramiento profesional ofrecido por el escritor de discursos y, más aún, negándose a actuar de la manera que se esperaba de un acusado en juicio por un delito capital. Según Platón, Sócrates no tenía miedo a la muerte, y le dijo al tribunal:

“Temer a la muerte, amigos míos, es solamente creernos sabios sin serlo realmente, pues es creer que sabemos lo que no sabemos. Ya que nadie sabe si la muerte no es, quizás, el mayor bien que puede acaecerle al hombre. Pero el hombre le teme como si supiera con certeza que es el más grande de los males. (Apología, 29a)

Luego de este pasaje, Platón expresa la célebre posición filosófica de Sócrates en la que el maestro dice, desafiante, que es su deber optar por servir a la divinidad por sobre la conformidad con la sociedad y sus expectativas. En un extracto famoso, Sócrates enfrenta a sus conciudadanos con honestidad y dice:

Atenienses, los respeto y los amo, pero obedeceré al dios antes que a ustedes, y mientras siga en vida y con fuerzas, jamás cesaré de practicar y enseñar la filosofía, aconsejando a quien sea que encuentre y diciéndole: Amigo mío, ¿por qué, siendo ciudadano de la grandiosa, poderosa y sabia ciudad de Atenas, estás tan obsesionado con aumentar tu fortuna, tus honores y tu reputación, y tan poco te importan la sabiduría, la verdad y la grandeza de espíritu? ¿No te avergüenza? Y si este me responde y dice que sí le importan, no lo dejaré, sino que lo interrogaré y lo examinaré una y otra vez, y si pienso que carece de virtud mientras dice poseerla, lo reprocharé por despreciar las cosas más valiosas y tener en mayor estima aquellas que valen menos. Y esto se lo diré a todo aquel que encuentre, joven y viejo, ciudadano o extranjero, pero principalmente a los ciudadanos, pues compartimos la sangre. Quiero que sepan que esta es la orden del dios; y creo que jamás le ha ocurrido a esta ciudad algo mejor que mi servicio al dios. No hago más que persuadirlos, a jóvenes y ancianos por igual, de que antes que su cuerpo y sus posesiones cuiden primero y ante todo la grandeza del espíritu. Les digo que no viene del dinero la virtud, sino de la virtud el dinero, y todos los demás bienes del hombre, públicos y privados. Esta es mi enseñanza, y si ella corrompe a los jóvenes, mi influencia es en efecto ruinosa. Pero si alguien dice que no es esto lo que enseño, no está diciendo la verdad. Por eso, atenienses, les digo: hagan lo que exige Ánito o no hagan lo que dice Ánito, absuélvanme o no; pero sepan que, sea lo que sea que hagan, jamás actuaré de otra manera, aunque debiera morir muchas veces más. (29d-30c)

Cuando fue el turno de que Sócrates sugiriera una pena para que se le aplicara en lugar de la muerte, sugirió que lo honraran con alimentos gratuitos en el Pritaneo, un lugar reservado para los héroes de los Juegos Olímpicos. Esto fue considerado un grave insulto al honor del Pritaneo y a la ciudad de Atenas. Lo usual era que los delincuentes enjuiciados para los cuales se exigía la pena de muerte suplicaran por su vida, no que se jactaran de heroicas proezas.

Condena y desenlace

Sócrates fue condenado a muerte (Jenofonte dice que él deseaba este desenlace, y el relato del juicio que hace Platón en la Apología parece confirmarlo). Los últimos días de Sócrates son narrados por Platón en los diálogos Eutifrón, Apología, Critón y Fedón; este último narra el día de su muerte (por ingesta de cicuta), rodeado por sus amigos en su celda en Atenas. En palabras de Platón: “Este es el fin de nuestro amigo: a mi parecer, el más sabio y justo, y el mejor de los hombres que he conocido” (Fedón, 118).

La influencia de Sócrates se hizo perceptible inmediatamente en las acciones de sus discípulos, que desarrollaron sus propias interpretaciones de su vida, sus enseñanzas y de su muerte, fundaron sus propias escuelas de filosofía y escribieron acerca de sus experiencias con su maestro. De todas estas obras escritas solo nos quedan las de Platón, las de Jenofonte, una imagen ridiculizada de Aristófanes y los trabajos posteriores de Aristóteles. Sócrates no escribió ninguna obra, pero sus palabras y acciones en la búsqueda y defensa de la verdad cambiaron el mundo, y su ejemplo aun inspira a muchos en el presente.

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Sobre el traductor

Manuel Luján
Soy traductor público (inglés a español y viceversa) especializado en traducción jurídica egresado de la Universidad de Buenos Aires. Me interesan las lenguas extranjeras y la historia antigua.

Sobre el autor

Joshua J. Mark
Escritor independiente y antiguo profesor de filosofía a tiempo parcial en el Marist College de Nueva York, Joshua J. Mark vivió en Grecia y Alemania y viajó por Egipto. Ha enseñado historia, escritura, literatura y filosofía a nivel universitario.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2009, septiembre 02). Sócrates [Socrates]. (M. Luján, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/1-339/socrates/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Sócrates." Traducido por Manuel Luján. World History Encyclopedia. Última modificación septiembre 02, 2009. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-339/socrates/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Sócrates." Traducido por Manuel Luján. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 02 sep 2009. Web. 08 dic 2021.

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