Emperatriz Teodora

Definición

Mark Cartwright
por , traducido por Antonio Elduque
Publicado el 03 abril 2018
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Disponible en otros idiomas: Inglés, Francés
Theodora I (by The Yorck Project, Public Domain)
Teodora I
The Yorck Project (Public Domain)

Teodora reinó como emperatriz del Imperio bizantino junto con su marido, el emperador Justiniano I, desde el 527 hasta su muerte en el 548. Con un pasado humilde y superando los prejuicios de la mala reputación de su carrera anterior como actriz, Teodora se casaría con Justiniano (r. 527-565) en el 525 y gobernarían juntos en una época dorada de la historia bizantina. Descrita por los escritores contemporáneos como intrigante, sin escrúpulos e inmoral, la emperatriz, sin embargo, también fue considerada un apoyo valioso para el emperador, y su implicación directa en los asuntos de estado hizo de ella una de las mujeres más poderosas nunca vistas en Bizancio.

Primeros años

Teodora nació en ca. 497, hija de un cuidador de osos llamado Acacio que trabajaba para el Hipódromo de Constantinopla. El historiador bizantino del siglo VI Procopio de Cesarea explica, en su Historia Secreta (Anekdota) que Teodora se ganaba la vida, igual que su madre anteriormente, como actriz, lo que significaba actuar en el Hipódromo como acróbata, bailarina o artista de estriptis. Se decía que Teodora hacía una representación especialmente escabrosa con gansos. Eso implicaba que era también una prostituta, teniendo en cuenta la implicación común de ambas profesiones. Si hemos de creer a Procopio, era especialmente popular y lujuriosa en eso.

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La Historia secreta de Procopio es, sin embargo, vista por muchos como un chisme injurioso, con algunos hechos reales incluidos para darle autenticidad. La actitud del autor para con Justiniano y Teodora se resume en que fueron lo peor que podía pasarle al Imperio bizantino (en contraste con los trabajos oficiales que escribió, bajo patrocinio de Justiniano, con alabanzas a los logros del emperador, especialmente en la guerra y en la arquitectura). Procopio muestra la misma actitud con Antonina, esposa de Belisario (el general más brillante de Justiniano) a quien retrata conspirando continuamente con Teodora para provocar dañinas intrigas palaciegas. También quizás es importante tener en cuenta que todo nuestro conocimiento de Teodora procede de autores masculinos y que cualquier mujer que desempeñara un papel distinto de la tradicional sumisión en la sociedad bizantina estaba condenada a ser, en el mejor de los casos, desaprobada y, en el peor, directamente demonizada.

Con su fastuosa coronación en Santa Sofía, Justiniano y Teodora parecían anunciar una nueva era para el Imperio bizantino y su gente.

Antes de casarse con Justiniano, el sobrino del emperador Justino (r. 518-527), en el 525, Teodora dejó atrás las arenas del Hipódromo para viajar al norte de África como la concubina de un funcionario de nivel medio. Al romperse la relación regresó, pasando por Alejandría, donde posiblemente se convirtió al cristianismo.

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El matrimonio entre un personaje de tan bajo nivel como Teodora y un futuro emperador fue un caso extraño de pasar de mendigo a millonario, pero era tradicional en la corte bizantina que los emperadores se casaran con las vencedoras en los concursos de belleza organizados a tal fin. Las participantes en dichos concursos podían proceder de clases sociales bajas y de provincias lejanas, de manera que esas disparidades no eran infrecuentes. El bajo estatus de Teodora era conocido por todos, y una opositora especialmente vehemente fue la emperatriz Eufemia (Lupicina), con cuya muerte pareció superado el principal obstáculo para el matrimonio. Justino I incluso reformó las leyes (los senadores, y Justiniano lo era, no podían casarse con actrices) para permitir el matrimonio y legalizar a la hija ilegítima de Teodora. Según Procopio también había un hijo ilegítimo, pero ninguna otra fuente lo confirma.

La emperatriz, 20 años más joven que su marido, es descrita por Procopio como de baja estatura pero atractiva, amante del ceremonial de la corte y de los lujos. Teodora fue coronada como emperatriz en la misma ceremonia que su marido, el 1 de abril del 527. Justiniano insistió en que fuera coronada como su igual y no como su consorte. La pareja coincidía en inteligencia, ambición y energía, y su fastuosa coronación en Santa Sofía parecía anunciar una nueva era para el Imperio bizantino y su gente.

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Los disturbios de Niká

El papel activo de Teodora en la política bizantina y el apoyo firme que dio a su marido, se ponen de manifiesto sobre todo en los disturbios de Niká, del 11 al 19 de enero del 532, que fueron una revuelta, tristemente célebre, causada por los aficionados en el Hipódromo de Constantinopla. Las causas reales de las quejas fueron la subida de impuestos de Justiniano (para financiar sus continuas campañas militares) y su autocracia en general, pero la chispa que encendió la revuelta fue la negativa del emperador a perdonar a los hinchas ‘azules’ y ‘verdes’ por el reciente estallido de violencia en el Hipódromo. Por una vez, los alborotadores unieron sus fuerzas y, utilizando el amenazador cántico “¡Conquista!” (Niká), con el que normalmente animaban a los conductores de carros en las carreras, se organizaron como una fuerza efectiva.

Justinian I
Justiniano I
Sponsored by a Greek banker, Julius Argentarius (CC BY-NC-SA)

Los disturbios comenzaron con la aparición de Justiniano en el Hipódromo con ocasión de las primeras carreras de los juegos. La multitud se volvió contra su emperador, se interrumpieron las carreras y los alborotadores se dispersaron desde el Hipódromo devastando la ciudad. Por donde pasaron dejaron un rastro impresionante de destrucción, incendiando las iglesias de Santa Sofía y Santa Irene, los Baños de Zeuxippos, la Puerta de Chalke y buena parte del Augustaion, incluyendo la sede del Senado. El punto de partida de toda esa destrucción, el Hipódromo, escapó con daños menores. Los disturbios se convirtieron en una rebelión a gran escala cuando el general Hipatio, sobrino de Anastasio I (r. 491-518) fue coronado por los revoltosos, en el Hipódromo, como nuevo emperador.

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Justiniano no iba a ser expulsado fácilmente de su trono, aunque fue su esposa Teodora quien al parecer le convenció de no huir de la multitud y de permanecer firme y hacerle frente. Procopio registra sus palabras, en ese momento crucial, como sigue:

No me importa si es apropiado o no para una mujer dar bravos consejos a hombres asustados; pero en momentos de peligro extremo, la conciencia es la única guía. Todo hombre nacido ha de morir tarde o temprano; y ¿cómo puede permitirse un emperador convertirse en un fugitivo? Si tú, mi Señor, quieres salvar tu piel, no te será difícil hacerlo. Somos ricos, ahí está el mar y también nuestros barcos. Pero primero considera si, cuando logres salvarte, no lamentarás no haber preferido la muerte. Por lo que a mí respecta, me vale el antiguo dicho: la realeza es el mejor sudario. (Citado en Brownworth, 79-80)

La causa imperial gozó de la gran ayuda de los brillantes generales Belisario y Mundo, que reprimieron sin piedad la revuelta masacrando a 30.000 rebeldes en el Hipódromo. Hipatio fue ejecutado, aunque en realidad no quería ser coronado por los revoltosos. Durante varios años, tras la crisis, estuvieron suspendidos los juegos en el Hipódromo, aunque una consecuencia feliz de ese episodio de destrucción fue el indispensable programa de reconstrucción, que dio lugar a la versión actual de la iglesia de Santa Sofía.

Actitud frente a la Iglesia

Las políticas religiosas de Teodora parecen haber sido totalmente propias, y no de su marido, que era el líder de la Iglesia bizantina y protector de la ortodoxia. La emperatriz favoreció el monofisismo, la creencia de que Jesucristo tenía una sola naturaleza, la divina (physis), lo que iba en contra de la visión ortodoxa de que tenía dos naturalezas – una humana y otra divina. Sus opiniones no fueron simples reflexiones teóricas, porque Teodora actuó protegiendo y dando cobijo a sacerdotes y monjes que se adhirieron a las creencias monofisitas, utilizando incluso el Gran Palacio de Constantinopla. Se considera que la emperatriz fue la responsable de la promoción y, finalmente, la adopción, del monofisismo en Nubia, hacia el 540.

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Aparte de las historias sombrías de venganzas personales y favoritismos, Teodora destacó por su influencia sobre las reformas sociales de Justiniano y por sus obras de caridad.

Intrigas políticas

Se achaca a las maniobras políticas de Teodora la caída del prefecto Juan de Capadocia, aunque ya no era demasiado popular entre la población bizantina, porque era considerado el instigador de las reformas fiscales opresivas que habían provocado los disturbios de Niká. Procopio también describe al ministro de finanzas como el paradigma de la corrupción y el despilfarro. Juan fue destituido tras la revuelta, como una de las reivindicaciones de los rebeldes, aunque más tarde volvió a la política. Fue entonces cuando se dijo que Teodora había conspirado contra él por su aversión personal. Juan fue expulsado de la corte en el 541.

Otras víctimas de las maquinaciones de la emperatriz fueron el papa Silverio (depuesto en el 537) y posiblemente la reina goda Amalasunta, que murió asesinada, pero no hay ni evidencias sólidas ni detalles reales. Belisario también estuvo en la lista negra de Teodora. Puede que fuera un gran general, quizás el más grande de Bizancio, pero su éxito provocó el recelo de la emperatriz, que podría haber influido en los tratos de su marido con su principal comandante, con el resultado de una falta de apoyo material en el campo de batalla cuando fue necesario.

Empress Theodora & Her Court
La emperatriz Teodora y su corte
Carole Raddato (CC BY-SA)

Lo peor estaba por venir para Belisario cuando la devastadora epidemia de peste bubónica asoló el imperio en la primavera del 542. El propio Justiniano se infectó; sobrevivió, pero mientras estuvo gravemente enfermo, Teodora gobernó en solitario. Viendo que si su marido moría, sin ningún heredero para desempeñar el papel de regenta, su posición sería insostenible, la emperatriz se movió con rapidez contra el general, al que consideraba como su principal rival por el trono. Belisario era demasiado popular como para simplemente encarcelarlo o asesinarlo, pero sí se podía bajarle un poco los humos, de manera que Teodora ordenó su destitución y la confiscación de sus propiedades. Por fortuna para el general, cuando al año siguiente Justiniano se recuperó, y con moros y godos a las puertas del imperio, fue rehabilitado a su antigua posición.

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Procopio afirma también que la emperatriz no tenía reparos en situar a sus amigos o asociados en posiciones de poder en la corte. Aparte de esas historias sombrías de venganzas personales y amiguismo, Teodora destacó por su influencia en las reformas sociales de Justiniano y por sus obras de caridad, promoviendo la fundación de muchas instituciones para los pobres, tales como orfanatos, hospitales y (quizás de manera significativa, teniendo en cuenta su antigua profesión) un hogar para prostitutas reformadas en buscar de su reinserción en la sociedad respetable.

Muerte

Teodora murió en el 548, a la edad de 51 ó 52 años, probablemente de cáncer. Justiniano no tenía heredero, pero quizás es significativo que no se volvió a casar. La hija de Teodora, previa a su matrimonio con Justiniano, tenía tres hijos, que fueron figuras prominentes en la corte bizantina. Justiniano, tras un período de luto riguroso, gobernaría durante 17 años más, aunque ya no de la forma eficiente y brillante como cuando tuvo a Teodora a su lado.

Es posible que Procopio haya recibido los mayores elogios por su retrato literario de la emperatriz, el de mayor colorido y duración, pero en las artes visuales tiene un formidable rival en cómo la historia recuerda a Teodora. La más famosa de sus representaciones está en la iglesia de San Vitale, en Rávena, Italia. El brillante mosaico mural muestra a la emperatriz en un panel, mientras que en otro aparece Justiniano y el arzobispo de Rávena, Maximiano (r. 546-556). Teodora, como su marido, está representada con un gran halo, y con gran cantidad de joyas, incluyendo collares, pendientes y una fabulosa corona salpicada de gemas, y una túnica de púrpura de Tiro. Presenta a la Iglesia un cáliz de oro y piedras preciosas, rodeada de funcionarios y de su extenso séquito de damas de la corte.

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Sobre el traductor

Antonio Elduque
Soy doctor en Química y trabajo en el sector biomédico. También licenciado en Humanidades, especialmente aficionado a la Historia. Me gusta traducir porque obliga a una lectura lenta y cuidadosa, buscando el sentido del texto más que el significado de las palabras.

Sobre el autor

Mark Cartwright
Mark es un escritor de historia radicado en Italia. Sus intereses principales incluyen la cerámica, la arquitectura, la mitología mundial y descubrir las ideas que todas las civilizaciones tienen en común. Tiene una maestría en filosofía política y es director de publicaciones en World History Encyclopedia.

Cita este trabajo

Estilo APA

Cartwright, M. (2018, abril 03). Emperatriz Teodora [Empress Theodora]. (A. Elduque, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/1-16896/emperatriz-teodora/

Estilo Chicago

Cartwright, Mark. "Emperatriz Teodora." Traducido por Antonio Elduque. World History Encyclopedia. Última modificación abril 03, 2018. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-16896/emperatriz-teodora/.

Estilo MLA

Cartwright, Mark. "Emperatriz Teodora." Traducido por Antonio Elduque. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 03 abr 2018. Web. 25 jun 2022.

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