La religión en la antigüedad

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Definición

Joshua J. Mark
por , traducido por Rosa Baranda
Publicado el 23 marzo 2018
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Texto original en inglés: Religion in the Ancient World

Sumerian Worshipper Statue (by Osama Shukir Muhammed Amin, CC BY-NC-SA)
Estatua del adorador sumerio
Osama Shukir Muhammed Amin (CC BY-NC-SA)

La religión (del latín Religio, que quiere decir "control" o "restricción", o según Cicerón de Relegere, que quiere decir "repetir, leer otra vez", o más probablemente de Religionem, "mostrar respeto por lo sagrado") es un sistema organizado de creencias y prácticas que giran en torno a, o conducen a, una experiencia espiritual trascendental. No se sabe de ninguna cultura en la historia de la humanidad que no haya practicado alguna forma de religión.

En la antigüedad la religión no se distinguía de lo que hoy en día llamamos “mitología”, y consistía principalmente en ritos regulares basados en la creencia en seres sobrenaturales que habían creado el mundo y el cosmos, y seguían cuidando de él. Estas entidades eran antropomórficas y se comportaban de una manera que reflejaba estrechamente los valores de cierta cultura (como en Egipto) o a veces llevaban a cabo actos antiéticos a esos valores (como los que vemos con los dioses griegos). La religión, antes y ahora, se ocupa del aspecto espiritual de la condición humana, los dioses y diosas (o una sola entidad divina), la creación del mundo, el lugar del ser humano en el mundo, la vida tras la muerte, la eternidad, y cómo escapar del sufrimiento de este mundo o el siguiente: y toda nación ha creado su propio dios a su imagen y semejanza. El filósofo griego Jenófanes de Colofón (c. 570-478 a.C.) escribió una vez:

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Los mortales suponen que los dioses nacen y tienen ropas y voces y formas como las suyas propias. Pero si los bueyes, los caballos y los leones tuvieran manos o pudieran pintar con sus manos, y crear obras como las que hace el hombre, los caballos pintarían imágenes de dioses con forma de caballo, los bueyes con forma de bueyes, y cada uno crearía cuerpos como el suyo propio. Los etíopes consideran que los dioses tienen la nariz plana y son negros; los tracios, que tienen los ojos azules y son pelirrojos.

Jenófanes creía que había “un dios, el más grande entre dioses y hombres, en nada parecido a los mortales, ni en cuerpo ni en mente”, pero estaba en minoría. El monoteísmo no tenía sentido para las gentes de la antigüedad, aparte de los visionarios y los profetas del Judaísmo. La mayor parte de la gente, al menos por lo que se puede saber de los registros escritos y arqueológicos, creía en muchos dioses, cada uno de los cuales tenía su propia área de influencia. En la vida personal no hay una sola persona que cubra todas nuestras necesidades; hace falta interactuar con muchas personas distintas para poder conseguir un total y seguir con la vida.

EN LA ANTIGÜEDAD LA GENTE CREÍA QUE NINGÚN DIOS PODÍA HACERSE CARGO DE TODAS LAS NECESIDADES DE UNA PERSONA.

En el transcurso de una vida en la actualidad interactuamos con padres, hermanos, profesores, amigos, amantes, jefes, doctores, dependientes, fontaneros, políticos, veterinarios y demás. No hay una sola persona que pueda desempeñar todos estos roles o cubrir todas las necesidades de una persona, tal y como ocurría en la antigüedad.

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De la misma manera, la gente de la antigüedad no creía que un solo dios pudiera hacerse cargo de todas las necesidades del individuo. Igual que nadie acudiría a un fontanero con un perro enfermo, nadie acudiría al dios de la guerra para que lo ayudara en el amor. Con problemas del corazón se iba a la diosa del amor; si alguien quería ganar una batalla, entonces acudía al dios de la guerra.

La multitud de dioses de las religiones ancestrales cumplían sus funciones como especialistas en sus respectivas áreas. En algunas culturas, cierto dios o diosa se hacía tan popular que llegaba a transcender la visión cultural de multiplicidad y asumía una posición tan poderosa y amplia que casi llegaba a transformar la cultura de politeísta a henoteísta.

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West Pediment of the Parthenon (Reconstruction)
Frontón Oeste del Partenón (Reconstrucción)
Tilemahos Efthimiadis (CC BY-SA)

Mientras que el politeísmo consiste en la adoración de muchos dioses, el henoteísmo consiste en adorar a un dios de muchas formas. Este cambio de opinión era muy raro en la antigüedad, y la diosa Isis y el dios Amón de Egipto son probablemente los mejores ejemplos de la ascendencia completa de una deidad, que pasa de ser una entre muchos a ser la creadora suprema y cuidadora del universo, reconocida en varias formas.

Como ya se ha dicho, toda cultura ancestral practicaba alguna forma de religión, pero no se puede aseverar con exactitud el momento en el que apareció la religión. La cuestión sobre si la religión mesopotámica inspiró la egipcia lleva discutiéndose más de un siglo, y no estamos más próximos a resolverla que cuando empezó. Lo más probable es que cada cultura desarrollara sus propias creencias en seres sobrenaturales para explicar fenómenos naturales (el día y la noche, las estaciones) o como ayuda para entender la vida y ese estado de incertidumbre en el que el ser humano se encuentra a diario.

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Aunque puede ser un interesante ejercicio cultural intentar trazar los orígenes de la religión, no parece que merezca la pena perder el tiempo en ello, ya que parece bastante claro que el impulso religioso es sencillamente parte de la condición humana y que las diferentes culturas de diferentes partes del mundo podrían haber llegado a las mismas conclusiones sobre el sentido de la vida de manera independiente.

Queen of the night (or Burney's) Relief, Mesopotamia
Relieve de la Reina de la Noche (o de Burney), Mesopotamia
Osama Shukir Muhammed Amin (CC BY-NC-SA)

La religión de la antigua Mesopotamia

Al igual que con muchos otros avances e inventos, la “cuna de la civilización” de Mesopotamia se ha citado como el lugar de nacimiento de la religión. No se sabe cuándo se desarrolló la religión en Mesopotamia, pero los primeros registros escritos de prácticas religiosas se remontan a alrededor de 3.500 a.C. en Sumeria. Las creencias religiosas mesopotámicas establecían que los seres humanos trabajaban junto a los dioses y para ellos, aunando fuerzas para mantener a raya a las fuerzas del caos, que habían sido arrestadas por las deidades supremas al principio de los tiempos. Los dioses crearon el orden a partir del caos, y uno de los mitos más populares que ejemplifican este principio habla del gran dios Marduk que derrotó a Tiamat y las fuerzas del caos para crear el mundo. El historiador D. Brendan Nagle escribe:

A pesar de la aparente victoria de los dioses, no había ninguna garantía de que las fuerzas del caos no fueran a recuperar su fuerza y anular la creación organizada de los dioses. Dioses y hombres, pues, participaban en la lucha perpetua para contener los poderes del caos, y cada uno tenía su propio rol en esta dramática batalla. La responsabilidad de los habitantes de las ciudades de Mesopotamia era proveer a los dioses de todo lo que necesitasen para gobernar el mundo. (11)

EN RECOMPENSA POR SU SERVICIO, LOS DIOSES SE HACÍAN CARGO DE LAS NECESIDADES COTIDIANAS DEL SER HUMANO.

El ser humano, de hecho, fue creado precisamente con este propósito: trabajar con los dioses y para los dioses, con un fin beneficioso para ambos. La afirmación que hacen algunos historiadores de que los mesopotámicos eran esclavos de sus dioses no se sostiene porque está bastante claro que la gente entendía esta idea de trabajo colaborativo. En recompensa por su servicio, los dioses se hacían cargo de las necesidades cotidianas del ser humano (tales como proporcionarles cerveza, la bebida de los dioses) y mantenían el mundo en el que vivía. Estos dioses conocían las necesidades del pueblo de una manera íntima porque no eran deidades distantes que vivían en los cielos, sino que vivían en los hogares en la Tierra que les construía el pueblo; estas casas eran los templos que se alzaban en todas las ciudades de Mesopotamia.

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Los recintos de los templos, dominados por un imponente zigurat, estaban considerados como el hogar literal de los dioses, y se bañaba, vestía y daba de comer a las estatuas a diario, ya que los sacerdotes y sacerdotisas cuidaban de ellas como si de reyes y reinas se tratase. En el caso de Marduk, por ejemplo, la estatua se sacaba del templo durante los festivales en su honor, y se paseaba por toda la ciudad de Babilonia para que pudiera apreciar su belleza y disfrutar del aire fresco y el sol.

Ishtar
Ishtar
Fae (Public Domain)

Inanna era otra poderosa deidad, ampliamente venerada como la diosa del amor, el sexo y la guerra, cuyos sacerdotes y sacerdotisas cuidaban de su estatua y su templo fielmente. Inanna está considerada como uno de los primeros ejemplos de figura divina resucitada, que baja al inframundo y regresa, trayendo consigo la fertilidad y la abundancia a la tierra. Era tan popular que su adoración se extendió por toda Mesopotamia desde la región sureña de Sumeria. Para los acadios (y los asirios posteriormente) se convirtió en Ishtar , en Astarte para los Fenicios, Sauska para los Hurritas-Hititas, y estaba asociada con la Afrodita de los griegos, la Isis de los egipcios y la Venus de los romanos.

Los templos eran el centro en torno al cual giraba la vida urbana durante toda la historia de Mesopotamia, desde el imperio Acadio (c. 2334-2150 a.C.) hasta el asirio (c. 1813-612 a.C.) e incluso después. El templo servía para varios propósitos: el clero dispensaba grano y excedentes a los pobres, aconsejaba a los que lo necesitaban, proveía servicios médicos y patrocinaba los festivales opulentos en honor a los dioses. Aunque los dioses cuidaban de los humanos mientras vivían, la otra vida mesopotámica era un inframundo gris, bajo las montañas, donde las almas bebían agua estancada de los charcos y comían polvo por toda la eternidad en la “tierra sin retorno”. Esta desalentadora idea de su hogar eterno contrastaba claramente con la de los egipcios y la de sus vecinos, los persas.

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La religión de la antigua Persia

La religión primitiva de Persia llegó a la meseta iraní con las migraciones de los arios (propiamente dicho, indoiranios) en algún momento antes del tercer milenio a.C. En un principio esta fe era politeísta con un dios supremo, Ahura Mazda, que presidía sobre las deidades menores. De entre estas, las más populares eran Atar (dios del fuego), Mitra (dios del sol naciente y las alianzas), Hvar Khshsata (dios del sol pleno), y Anahita (diosa de la fertilidad, el agua, la salud y la curación y la sabiduría). Estos dioses representaban las fuerzas del bien y el orden contra los malos espíritus del desorden y el caos.

En algún momento entre 1500-1000 a.C. el profeta y visionario Zoroastro (también llamado Zaratustra) afirmó tener una revelación de Ahura Mazda gracias a la cual entendió que este era el único ser supremo, creador del universo y guardián del orden, que no necesitaba a ningún otro dios a su lado. La visión de Zoroastro se convertiría en el Zoroastrismo, una de las religiones más antiguas del mundo que todavía se practica en la actualidad.

Según esta creencia, el propósito de la vida humana es elegir entre seguir a Ahura Mazda y el camino de la verdad y el orden (Asha), o seguir a su adversario eterno, Angra Mainyu (también llamado Ahriman) y el camino de mentiras y caos (Druj). Se considera que los humanos son inherentemente buenos y que poseen el libre albedrío para elegir entre estos dos caminos; sea el que sea que elija una persona, dará forma a su vida y su destino tras la muerte. Cuando una persona moría, cruzaba el Puente Cinvat, donde era juzgada.

Aquellos que vivían una buena vida de acuerdo con los preceptos de Ahura Mazda recibían una vida continua en el paraíso en la Casa del Canto, mientras que los que se habían dejado engañar por Angra Mainyu caían al infierno y la Casa de las Mentiras (druj-demana) donde se los torturaba sin descanso, y aunque estuvieran rodeados de otras almas torturadas se sentirían para siempre solos.

Aunque a menudo los eruditos hablan del zoroastrismo como una religión dualista, resulta evidente que Zoroastro fundó una religión monoteísta centrada en una sola deidad todopoderosa. Los aspectos dualistas de la religión aparecieron más tarde en la llamada herejía del Zorvanismo, que establecía a Ahura Mazda y Angra Mainyu como hermanos hijos de Zorvan (el tiempo), y el propio tiempo se convirtió en el poder supremo a través del cual todo se creaba y moría.

El zoroastrismo también decía que en el futuro llegaría un mesías (conocido como el Saoshyant: el portador de bienes) para redimir a la humanidad en un acontecimiento conocido como Frashokereti, que era el fin de los tiempos y traería la reunión con Ahura Mazda. Estos conceptos influirían más tarde en el judaísmo, el cristianismo y el islam. La creencia en un único dios, diferente al ser humano y todopoderoso, puede que también haya influido en la religión egipcia durante el periodo amarniense en el que el faraón Akenatón (r. 1353-1336 a.C.) abolió los rituales y las prácticas tradicionales egipcias y los sustituyó con un sistema monoteísta centrado en un único dios, Atón.

La religión en Egipto

La religión egipcia era similar a las creencias mesopotámicas en el sentido de que los seres humanos trabajaban junto a los dioses para mantener el orden. El principio de armonía (ma'at para los egipcios) tenía una gran importancia en la vida egipcia (y en la otra vida), y su religión estaba completamente integrada en todos los aspectos de la existencia. La religion egipcia era una combinación de magia, mitología, ciencia, medicina, psiquiatría, espiritualismo y herbología, así como lo que se entiende hoy en día por religión, como una creencia en un poder superior y una vida después de la muerte. Los dioses eran amigos de los seres humanos y solo buscaban lo mejor para ellos, proveyéndoles de las mejores tierras para vivir y un hogar eterno para disfrutarlo cuando se terminaran sus vidas terrenales.

Este sistema de creencias continuaría, con algunos cambios, a lo largo de la toda la historia de Egipto, tan solo interrumpido por las reformas religiosas de Akenatón durante su reinado. Tras su muerte, su hijo y sucesor Tutankamón (r. c. 1336-c.1327 a.C.) volvió a restaurar la antigua religión, reabriendo los templos y resucitando los antiguos rituales y las costumbres.

Chain of Ankhs
Una cadena de anjs
Osama Shukir Muhammed Amin (CC BY-NC-SA)

Los primeros registros escritos de las prácticas religiosas egipcias datan de alrededor de 3400 a.C. en el Periodo predinástico de Egipto (c. 6000-3150 a.C.). Deidades tales como Isis, Osiris, Ptah, Hathor, Atum, Set, Neftis y Horus ya se habían establecido como fuerzas importantes bastante pronto. El mito de la creación egipcio es similar al principio de la historia mesopotámica en el sentido de que al principio solo había aguas caóticas, moviéndose suavemente. Este océano no tenía límites ni fondo y estaba en silencio hasta que, en la superficie, surgió una colina de tierra (conocida como ben-ben, el montículo primigenio, que se cree que es lo que simbolizan las pirámides) y el gran dios Atum (el sol), de pie sobre el ben-ben, habló y dio a luz al dios Shu (del aire) y la diosa Tefnut (la humedad), el dios Geb (de la tierra) y la diosa Nut (del cielo). Junto a Atum estaba Heka, la personificación de la magia, y la magia, heka, dio a luz al universo.

OSIRIS MÁS TARDE SERVIRÍA COMO JUEZ SUPREMO DE LAS ALMAS DE LOS MUERTOS EN EL PALACIO DE LA VERDAD.

Atum había querido que Nut fuera su esposa, pero esta se enamoró de Geb. Enfadado con los amantes, Atum los separó estirando a Nut a través del cielo, lejos de Geb, en la tierra. A pesar de que los amantes estaban separados durante el día, se unían por la noche, y Nut tuvo tres hijos, Osiris, Set y Horus, y dos hijas, Isis y Neftis.

Osiris, el más mayor, fue declarado el “Señor de toda la Tierra” cuando nació y recibió a su hermana Isis por esposa. Set, consumido por la envidia, odiaba a su hermano y lo mató para ocupar el trono. Isis embalsamó el cuerpo de su marido y resucitó a Osiris con poderosos encantamientos, y este regresó de entre los muertos para dar la vida a las gentes de Egipto. Osiris más tarde serviría como el Juez Supremo de las almas de los muertos en el Salón de la Verdad, decidiendo quién recibiría la vida eterna al pesar el corazón de las almas en una balanza.

La otra vida en Egipto se conocía como el Campo de Juncos y era una imagen reflejada de la vida en la tierra, con detalles tales como un árbol o río favoritos o una mascota. Los seres queridos de la persona estarían esperando en la otra vida, o llegarían después. Los egipcios veían la vida terrenal simplemente como una parte de un viaje eterno, y estaban tan preocupados con pasar a la siguiente fase sin problemas que crearon elaboradas tumbas (las pirámides), templos, e inscripciones funerarias (Los textos de las Pirámides, Los textos de los sarcófagos, y El Libro de los muertos) para ayudar en el paso de las almas de este mundo al siguiente.

Los dioses cuidaban de la gente en la otra vida tal y como lo habían hecho en esta desde el principio de los tiempos. La diosa Qebehet llevaba agua a las almas sedientas en la tierra de los muertos, y otras diosas como Serket y Neftis cuidaban y protegían a las almas en su camino hacia el Campo de Juncos. Un egipcio de la antigüedad entendía que desde el nacimiento hasta la muerte, e incluso después, el universo había sido ordenado por los dioses y que todo el mundo tenía su lugar dentro de ese orden.

La religión en China e India

Este principio de orden también era básico en la religión más antigua del mundo que todavía se practica en la actualidad: el hinduismo (conocido por los fieles como Sanatan Dharma, “el orden eterno”, se cree que fue fundado ya en 5500 a.C., pero definitivamente alrededor de 2300 a.C.). Aunque a menudo se la considera una religión politeísta, el hinduismo en realidad es henoteísta. Solo hay un dios supremo en el hinduismo, Brahma, y todas las demás deidades son sus aspectos o reflejos. Dado que Brahma es un concepto demasiado inmenso para que lo entienda la mente humana, se presenta a sí mismo en muchas versiones que la gente reconoce como las deidades Visnú, Shiva, y muchas otras. El sistema de creencias hindú comprende 330 millones de dioses, que van de los conocidos a nivel nacional (tales como Krishna) a deidades locales, menos conocidas.

Vishnu as Varaha, Udayagiri Caves
Vishnu as Varaha, cuevas de Udayagiri
Jean-Pierre Dalbéra (CC BY)

El concepto básico del hinduismo es que hay un orden en el universo y toda persona tiene un lugar específico dentro de ese orden. Cada persona del mundo tiene una obligación (dharma) que solo ella puede llevar a cabo. Si actúa debidamente (karma) para llevar a cabo esa obligación, entonces recibe la recompensa de acercarse más al ser supremo y finalmente llegará a ser uno con dios; si no lo hace, entonces se reencarnará tantas veces como haga falta para que entienda cómo vivir y acercarse más al alma suprema.

Esta creencia la transmitió consigo Siddharta Gautama cuando se convirtió en el Buda y fundó la religión conocida como budismo. Sin embargo, en el budismo no se busca la unión con dios, sino una existencia propia más elevada, dejando atrás las ilusiones del mundo que generan sufrimiento y empañan la mente con miedo a la pérdida y la muerte. El budismo se hizo tan popular que viajó de India a China, donde encontró el mismo éxito.

EN LA ANTIGUA CHINA SE CREE QUE LA RELIGIÓN YA HABÍA APARECIDO ALREDEDOR DE 4500 a.C., COMO DEMUESTRAN LOS DISEÑOS EN LA CERÁMICA.

En la antigua China se cree que la religión ya había aparecido alrededor de 4500 a.C., como demuestran los diseños de la cerámica encontrada en el enclave neolítico de la aldea de Banpo. Esta temprana estructura de creencias puede haber sido una mezcla de animismo y mitología, ya que estas imágenes incluyen animales reconocibles como dragones-cerdo, precursores del famoso dragón chino.

Para cuando llegó la dinastía Xia (2070-1600 a.C.) ya se adoraba a muchos dioses antropomórficos, con un dios supremo, Shangti, que presidía sobre el resto. Esta creencia continuó, con algunas modificaciones, durante el periodo de la dinastía Shang (1600-1046 a.C.), que desarrolló la práctica de adoración de los ancestros.

La gente creía que Shangti tenía tantas responsabilidades que estaba demasiado ocupado como para hacerse cargo de sus necesidades. Se creía que cuando una persona moría iba a vivir con los dioses y se convertía en una intermediaria entre la gente y los dioses. La adoración de los ancestros influyó en los dos grandes sistemas de creencias chinos, el confucianismo y el taoísmo, ya que ambos tenían la adoración de los ancestros como un pilar central de sus prácticas. Con el tiempo, Shangti fue sustituido por el concepto de Tian (el Cielo), un paraíso en el que los muertos residían en paz eternamente.

Chinese Oracle Bone
Hueso de oráculo chino
BabelStone (CC BY-SA)

Para poder ir de la vida terrenal al cielo había que pasar el puente del olvido sobre un abismo, y tras mirar por última vez a la propia vida, beber de una copa que borraba todos los recuerdos. En el puente, la persona era juzgada como merecedora de ir al cielo, y pasaba, o no merecedora, y caía del puente al abismo donde se lo tragaba el infierno. Otras versiones de ese mismo escenario decían que el alma se reencarnaba tras beber de la copa. En cualquier caso, se esperaba que los vivos recordaran a los muertos que habían pasado por el puente hacia el más allá y honraran su recuerdo.

La religión en Mesoamérica

El recuerdo de los muertos y el papel que siguen teniendo en las vidas de los que están en la Tierra era un componente importante de todas las religiones ancestrales, incluido el sistema de creencias maya. Los dioses estaban presentes en todos los aspectos de la vida maya. Al igual que en otras culturas, había muchas deidades diferentes (más de 250), y todas tenían su propio ámbito de influencia. Controlaban el clima, las cosechas, decidían sobre la pareja, presidían sobre todos los nacimientos y estaban presentes en el momento de la muerte.

La otra vida maya era parecida a la mesopotámica ya que también era un lugar oscuro y gris, pero los mayas imaginaron un destino aún peor en el que había una constante amenaza de ataques o engaños por parte de los demonios que gobernaban el inframundo (conocido como Xibalba o Metnal). El miedo al viaje a través de Xibalba era una fuerza cultural tan potente que los mayas son la única cultura ancestral que se conoce que honrara a una diosa del suicidio (Ixtab), porque se creía que el suicidio rodeaba Xibalba e conducía directamente al paraíso (al igual que ocurría con los que morían en la batalla o el parto). Los mayas creían en una naturaleza cíclica de la vida, que lo que aparentemente muere simplemente se transforma, y consideraban que la vida humana no era sino una parte más del patrón que veían a su alrededor en la naturaleza. Sentían que la muerte era una progresión natural después de la vida y temían la posibilidad antinatural de que los muertos pudieran regresear a aparecérseles a los vivos.

Es posible que una persona se aferrara a la vida por varias razones (la principal era un enterramiento inadecuado), así que se celebraban ceremonias para recordar a los muertos y honrar sus espíritus. Esta creencia también la compartían otras culturas mesoamericanas aparte de la maya, tales como la azteca y la tarasca (purépecha). Con el tiempo se acabó convirtiendo en el festival que hoy en día se conoce como El Día de los Muertos, en el que la gente celebra la vida de los que han fallecido y recuerda sus nombres.

Zapotec Priest Figure
Figura sacerdote zapoteca
James Blake Wiener (CC BY-NC-SA)

Sin embargo, no se recordaba y honraba solamente a la gente, sino también a una deidad muy importante que los eruditos llaman el Dios del maíz. El Dios del maíz es una divinidad que muere y resucita: Hun Hunahpú fue asesinado por los Señores de Xibalba, devuelto a la vida por sus hijos, los héroes gemelos, y surge del inframundo en forma de maíz. El dios del Maíz “Tonsurado” y el dios del Maíz “Foliado” son imágenes populares en la iconografía maya. Siempre se lo representa eternamente joven y guapo, con una cabeza alargada como una mazorca de maíz, pelo largo y sedoso como seda de maíz y decorado con jade que simboliza el tallo del maíz. Tenía tal importancia entre los mayas que las madres vendaban las cabezas de los hijos para aplanarles la frente y alargarles la cabeza, de modo que se parecieran a él.

El dios del Maíz siguió siendo una deidad importante para los mayas incluso cuando fue eclipsado por el más grande y popular de los dioses, Gucumatz (también conocido como Kukulcán y Quetzalcoatl), cuya gran pirámide en Chichén Itzá sigue recibiendo hoy en día millones de visitas cada año. Cada equinoccio el sol crea una sombra en las escaleras de la pirámide que recuerda a una gran serpiente que desciende de arriba abajo; se cree que es el gran Kukulcán que regresa de los cielos a la tierra para brindar sus bendiciones. Todavía hoy en día la gente se reúne en Chichén Itzá para presenciar este acontecimiento durante los equinoccios, recordar el pasado y renovar las esperanzas para el futuro.

La religión romana y griega

La importancia de recordar a los muertos como parte de la devoción religiosa personal también era una parte integral de las creencias de los griegos. La conmemoración de los muertos por parte de los vivos mantenía viva el alma del muerto en la otra vida. Los griegos, al igual que otras culturas que se han mencionado, creían en muchos dioses que a menudo cuidaban de sus creyentes, pero de la misma manera también buscaban sus propios placeres.

PLATÓN CRITICABA CONSTANTEMENTE EL CONCEPTO GRIEGO DE LOS DIOSES Y CRITIAS AFIRMABA QUE HABÍAN SIDO CREADOS POR EL HOMBRE PARA CONTROLAR A OTROS HOMBRES.

La naturaleza caprichosa de los dioses puede haber contribuido al desarrollo de la filosofía en Grecia, ya que la filosofía solo puede desarrollarse en una cultura en la que la religión no satisface las necesidades espirituales de la gente. Platón criticaba constantemente el concepto griego de los dioses y Critias afirmaba que simplemente habían sido creados por el hombre para controlar a otros hombres. Jenófanes, como ya se ha dicho, afirmaba que las ideas griegas estaban totalmente equivocadas y que Dios era inimaginable.

Aun así, para la mayoría de los griegos, y de manera central para el funcionamiento de la sociedad, los dioses eran honrados y también lo eran quienes habían pasado a la otra vida. Solo porque alguien ya no viviera en la tierra no quería decir que había que olvidar a la persona, igual que nadie olvidaría honrar a los dioses, invisibles. Al igual que en otras culturas de la antigüedad, la religión de Grecia estaba totalmente integrada en la vida cotidiana.

The Parthenon
El Partenón
Andrew Griffith (CC BY-NC-SA)

Los griegos consultaban a los dioses sobre temas tan variados como asuntos de estado, decisiones personales sobre el amor, el matrimonio o el trabajo. Una historia antigua cuenta como el escritor Jenofonte (430 – c.354 a.C.) acudió al filósofo Sócrates para preguntarle si creía que debería alistarse en el ejército de Ciro el Joven que partía a una campaña en Persia. Sin embargo, Sócrates lo envió a preguntarle al dios a Delfos. En vez de hacer su pregunta original, Jenofonte preguntó al dios de Delfos a cual de los dioses le convenía más adular para que la campaña fuera exitosa y pudiera volver sano y salvo. Parece que obtuvo la respuesta correcta, porque no solo sobrevivió la desastrosa campaña de Ciro y regresó a Atenas, sino que también salvó a la mayor parte del ejército.

La religión de Roma seguía el mismo paradigma que la de Grecia. La religión romana probablemente empezó como una clase de animismo y se desarrolló al entrar en contacto con otras culturas. Los griegos ejercieron el mayor impacto en la religión romana, y muchos de los dioses romanos no eran sino deidades griegas con nombres romanos y unos atributos ligeramente diferentes.

En Roma la adoración de los dioses estaba muy unida a los asuntos de estado y se creía que la estabilidad de la sociedad dependía de lo bien que la gente adorara a los dioses y participase en los rituales para honrarlos. Las vírgenes Vestales son un famoso ejemplo de esta creencia, ya que se contaba con que estas mujeres mantuvieran los votos que habían hecho y que llevaran a cabo sus tareas de manera responsable para honrar continuamente a Vesta y todo lo que la diosa daba a la gente.

A pesar de que los romanos habían importado sus dioses primarios de Grecia, una vez que la religión romana se estableció y se unió al bien del estado, no se admitió ningún otro dios foráneo. Cuando la adoración de Isis, la popular diosa egipcia, llegó a Roma, el emperador Augusto prohibió que se construyera ningún templo en su honor ni que se observara ningún rito público para adorarla porque creía que prestar tal atención a una deidad extranjera socavaría la autoridad del gobierno y las creencias religiosas establecidas. Para los romanos, los dioses lo habían creado todo según su intención y mantenían el universo de la mejor manera posible, por lo que el ser humano estaba obligado a honrarlos por sus dones.

Vestal Virgin by Canova
Virgen vestal de Canova
Getty Museum (CC BY-NC-SA)

Esto era así no solamente con los dioses “primarios” del panteón romano, sino también con los espíritus del hogar. Los penates eran espíritus terrenales del hogar, que mantenían la casa segura y en harmonía. Se esperaba que la gente mostrara su gratitud por sus esfuerzos y se acordara de ellos al entrar y salir del hogar. Las estatuas de los penates se sacaban del armario y se ponían en la mesa durante las comidas para honrarlos, y se dejaban sacrificios en el hogar para que los disfrutaran. La diligencia a la hora de apreciar estos esfuerzos se recompensaba con salud y felicidad, y si alguien se olvidaba, sufría las consecuencias de tal ingratitud. Aunque las religiones de otras culturas no tenían exactamente los mismos tipos de espíritus, el reconocimiento de los espíritus de sitios específicos, especialmente los del hogar, era común.

Temas comunes en la religión ancestral y su continuidad

Las religiones de la antigüedad compartían muchos patrones iguales entre ellas, aunque las culturas nunca hubiesen tenido contacto unas con otras. La iconografía espiritual de las pirámides mayas y egipcias se ha reconocido desde que John Lloyd Stephens y Frederick Catherwood llevaran la cultura maya al resto del mundo en el siglo XIX d.C., pero las estructuras de creencias, las historias y las figuras más importantes de la mitología antigua son sorprendentemente similares de una cultura a otra.

En todas las culturas se pueden encontrar patrones muy parecidos o iguales que eran importantes para la gente y daban vitalidad a sus creencias. Estos patrones incluyen la existencia de muchos dioses que tienen un interés personal en la vida de la gente; la creación como un ser sobrenatural que habla, modela u ordena la existencia; otros seres sobrenaturales que surgen del primero, el más importante; una explicación sobrenatural de la creación de la tierra y los seres humanos; una relación entre los humanos creados y el dios creador que requiere de adoración y sacrificio.

HAY UNA REPETICIÓN DE LA FIGURA QUE SE CONOCE COMO EL DIOS QUE MUERE Y RESUCITA, A MENUDO UNA ENTIDAD PODEROSA QUE MUERE Y VUELVE A LA VIDA POR EL BIEN DE SU PUEBLO.

También hay una repetición de la figura que se conoce como el dios que muere y resucita, a menudo una entidad poderosa que es asesinada, o muere, y vuelve a la vida por el bien de su pueblo: Osiris en Egipto, Krishna en India, el dios del Maíz de Mesoamérica, Baco en Roma, Atis en Grecia, Tammuz en Mesopotamia. También hay una vida tras la muerte similar a la existencia terrenal (en Egipto y Grecia), contraria a la vida en la tierra (en Mesoamérica y Mesopotamia), o una combinación de ambas (en China e India).

El importante mensaje espiritual de estas religiones diferentes se repite en textos de Fenicia (2700 a.C.) a Sumeria (2100 a.C.), a Palestina (1440 a.C.), a Grecia (800 a.C.), a Roma (c. 100 a.C.), y llegó a formar las creencias de quienes vinieron más tarde. Este motivo también se llega a tocar en el judaísmo con la figura de José (Génesis 37, 39-45), a quien sus hermanos lo venden como esclavo en Egipto, va a prisión por las acusaciones de la mujer de Potifar, y después es puesto en libertad. Aunque no llega a morir, tras su “resurrección” simbólica salva al país de la hambruna, ayudando a su pueblo como lo hacen otras figuras regenerativas.

La historia fenicia del gran dios Baal que muere y vuelve a la vida para luchar contra el caos del dios Yamm ya era vieja en 2750 a.C. cuando se fundó la ciudad de Tiro (según Heródoto) y la historia griega de la muerte y resurrección del dios Adonis (c. 600 a.C.) deriva de unas historias fenicias anteriores basadas en Tammuz, que los sumerios (y más tarde los persas) tomaron prestadas en el famoso mito del Descenso de Inanna.

Baal Statue
Estatua de Baal
Jastrow (Public Domain)

Este tema de la vida después de la muerte, de la vida que surge de la muerte y, por supuesto, del juicio después de la muerte, ganó la mayor fama gracias a la tarea evangélica de San Pablo, que difundió la palabra del dios que muere y resucita Jesucristo a lo largo y ancho de la antigua Palestina, Asia Minor, Grecia y Roma (c 42-62 d.C.). La visión de Pablo de la figura de Jesús, el hijo elegido de Dios que muere para redimir a la humanidad, fue tomada de sistemas de creencias anteriores, y formó el pensamiento de los escribas que escribirían los libros que componen la Biblia.

La religión cristiana convirtió en estándar la creencia en la otra vida y asentó una serie de rituales organizados por los que el creyente podría conseguir la vida eterna. Al hacer esto, los primeros cristianos sencillamente estaban siguiendo los pasos de los sumerios, los egipcios, los fenicios, los griegos y los romanos, ya que todos tenían sus propios rituales para adorar a los dioses.

Después de los cristianos, los intérpretes musulmanes del Corán establecieron sus propios rituales para entender a la deidad suprema, que, aunque son muy diferentes en su forma de los del cristianismo, el judaísmo o cualquiera de las otras religiones “paganas” antiguas, tenían el mismo propósito que los rituales que se practicaran en la adoración del panteón egipcio hace más de 5.000 años: hacer que la raza humana sepa que no está sola con sus problemas, su sufrimiento y sus triunfos, que puede controlar sus impulsos más básicos, y que la muerte no es el fin de la existencia. Las religiones de la antigüedad daban respuestas a las preguntas de la gente sobre la vida y la muerte, y en este sentido no son diferentes de las religiones que se practican hoy en día en el mundo.

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Sobre el traductor

Rosa Baranda
Traductora de inglés y francés a español. Tiene un profundo interés por la historia, especialmente la antigua Grecia y Egipto. Hoy en día escribe subtítulos para clases online y traduce textos sobre historia y filosofía entre otras cosas.

Sobre el autor

Joshua J. Mark
Escritor independiente y antiguo profesor de filosofía a tiempo parcial en el Marist College de Nueva York, Joshua J. Mark vivió en Grecia y Alemania y viajó por Egipto. Ha enseñado historia, escritura, literatura y filosofía a nivel universitario.

Cita este trabajo

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Mark, J. J. (2018, marzo 23). La religión en la antigüedad [Religion in the Ancient World]. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/1-131/la-religion-en-la-antiguedad/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "La religión en la antigüedad." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia. Última modificación marzo 23, 2018. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-131/la-religion-en-la-antiguedad/.

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Mark, Joshua J.. "La religión en la antigüedad." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 23 mar 2018. Web. 08 dic 2021.

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