Emperador bizantino

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Definición

Mark Cartwright
por , traducido por Antonio Elduque
Publicado el 11 abril 2018
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Texto original en inglés: Byzantine Emperor

John II Komnenos (by Myrabella, Public Domain)
Juan II Comneno
Myrabella (Public Domain)

El emperador bizantino gobernaba como monarca absoluto en una institución que pervivió desde el siglo IV al XV. Con el apoyo de los ministros, la alta nobleza y figuras clave de la Iglesia, el emperador (y en ocasiones la emperatriz) era el comandante en jefe del ejército, la cabeza de la Iglesia y del gobierno, controlaba las finanzas del Estado, y nombraba y destituía a los nobles según su capricho. El cargo era tradicionalmente hereditario, aunque a lo largo del período medieval se fundarían nuevas dinastías.

Viviendo en el suntuoso Gran Palacio de Constantinopla, los emperadores disfrutaban de unas riquezas fabulosas, aunque a la vez afrontaban grandes riesgos de ser, en tiempos revueltos, destronados por un usurpador, encarcelados, cegados o asesinados. Muchos emperadores fundaron dinastías duraderas y consiguieron una fama aún más duradera como grandes gobernantes, tales como Constantino I, Justiniano I, Basilio I, Basilio II, Alejo I Comneno, Juan II Comneno, Constantino VII y León III. Otros adquirieron muy mala fama por su desgobierno, incompetencia militar o reinados sangrientos: la emperatriz Irene, Nicéforo I, Anastasio I, Constante II, Constantino V y León I.

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El obispo de Constantinopla rezaba sobre la diadema o la corona, bendecía la insignia imperial y ungía la cabeza del emperador con mirra.

Coronación

La ceremonia de coronación en Bizancio evolucionó desde la sencilla ceremonia de la antigua Roma, donde el recién coronado emperador era aclamado por los soldados que le saludaban alzando sus escudos. El sabor militar de la ceremonia continuaría en el siglo VI, si bien con una adición importante y duradera, el papel desempeñado por el Patriarca de Constantinopla a partir del siglo V. El obispo rezaba sobre la diadema o la corona, bendecía la insignia imperial, y ungía la cabeza del emperador con mirra. Se hizo una tradición para los emperadores coronar a su heredero cuando aún ocupaban el trono, en cuyo caso ellos eran quienes coronaban a su hijo, pero si el padre del nuevo emperador ya había muerto (o si el trono había sido usurpado) entonces era el obispo quien ponía la corona sobre la cabeza del nuevo monarca y le ungía con el signo de la Cruz. Una vez proclamado emperador, la nobleza bizantina presente se inclinaba en reverencia como homenaje, la proskynesis.

Durante varios siglos, quizás para enfatizar el papel todopoderoso del emperador, se relevó al obispo de esa obligación y el emperador se coronaba a sí mismo. Ese cambio coincidió con el traslado de la ceremonia desde el Hipódromo de Constantinopla a la iglesia de Santa Sofía, a partir de mediados del siglo VII (aunque las emperatrices eran coronadas en el foro Augustaion y en la iglesia de San Esteban). Con esos dos cambios, se hizo más evidente para todos que el emperador era nombrado por Dios. Un tercer vínculo entre el gobernante y la Iglesia era la programación intencionada de la coronación en una festividad cristiana importante. De hecho, la coronación en su conjunto se convirtió en una ceremonia religiosa, con la sagrada comunión, los rezos y las bendiciones.

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Coronation of Theophilos
Coronación de Teófilo
Unknown Artist (Public Domain)

Además de la corona, el emperador vestía ropas especiales para la ocasión, el largo manto chlamys que estaba anudado al hombro derecho del portador. El chlamys sería sustituido finalmente por el mandyas, también un manto largo pero que se cerraba por delante del cuello, más en línea con el ropaje eclesiástico.

Títulos, galas y vestimenta

El emperador fue conocido con diversos títulos al paso de los siglos. Cuando Bizancio era, de hecho, el Imperio romano de Oriente, el título latino de imperator se convirtió en el griego autokrator. A partir del siglo VII se adoptó el título de basileus, que significa emperador, tomado de los gobernantes persas; el equivalente femenino era basilissa. Los emperadores bizantinos guardaban celosamente sus títulos y prohibieron su adopción por otros gobernantes extranjeros. Carlomagno, el rey de los francos del siglo VIII, no pudo evitar adoptar el título de basileus, lo que hizo que los emperadores bizantinos se distinguieran extendiendo el suyo a basileus ton romaion (emperador de los romanos).

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Además de su diadema incrustada de piedras preciosas y la delicadeza de sus ropas bordadas, las galas imperiales incluían el magnífico broche enjoyado para sujetar su manto. Esta pieza de joyería se componía de una gran gema central con un conjunto de otras más pequeñas que la rodeaban y tres joyas que colgaban de ella. El broche puede verse claramente en un mosaico del siglo VI que muestra a Justiniano, en la iglesia de San Vitale en Rávena, Italia. Otra pieza de las galas imperiales era un cinturón de oro con piedras preciosas brillantes.

Al irse haciendo la nobleza más llamativa en su atuendo y equipo, los emperadores empezaron a preocuparse por no sobresalir ante el público. Justiniano I (r. 527-565) incluso promulgó un decreto por el cual nadie más que él podía adornar con perlas, esmeraldas o jacintos su cinturón, las bridas o la silla de su caballo. Para asegurarse de que todos cumplían las nuevas normas de moda, el castigo por ignorarlas era la muerte y una multa de 100 libras de oro. El emperador se distinguía también en otra cosa – el color de sus ropas. La púrpura de Tiro era un colorante producido del molusco Murex, tremendamente caro por la gran cantidad de conchas que hacía falta para producir una cantidad suficiente.

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Justinian I
Justiniano I
Sponsored by a Greek banker, Julius Argentarius (CC BY-NC-SA)

El púrpura se asoció más estrechamente con los emperadores cuando Constantino V (r. 741-775) añadió una nueva sala a su residencia imperial del Gran Palacio de Constantinopla, recubierta de pórfido, un mármol raro con incrustaciones púrpura. Esa sala se utilizó posteriormente para los nacimientos reales y dio origen a la palabra porphyrogennetos o “nacido en la púrpura”, refiriéndose a la persona que ostentaba el legítimo derecho al trono. Finalmente, incluso en la muerte, el emperador se distinguía por ser la única persona enterrada en un sarcófago de pórfido púrpura.

El palacio aumentaría su magnificencia con el paso de los siglos, incluyendo una sala del trono de oro y salas de recepción con autómatas inteligentes.

La residencia imperial

Durante la mayor parte de la historia del Imperio, la residencia oficial del emperador, su familia y la corte fue el Gran Palacio de Constantinopla. Localizado junto a la muralla marítima de la ciudad y construido por Constantino I, el Palacio aumentaría su magnificencia con el paso de los siglos, incluyendo una sala del trono de oro, y salas de recepción con autómatas inteligentes de animales y pájaros, capillas, cuarteles, tesoros con botines de todas las guerras y conquistas imperiales, reliquias sagradas, baños romanos y jardines con fuentes. Un ala comunicaba el complejo con el Hipódromo y una enorme puerta monumental, coronada con el mayor icono de la ciudad, una figura dorada de Cristo. Decorada con mármoles exóticos, preciosos mosaicos y estatuas magníficas, el palacio estaba diseñado para impresionar a los visitantes, tanto locales como extranjeros.

Una figura remota

La coronación era el primero de los muchos eventos públicos en los que el emperador era visto por la gente, pero la mayoría de estos estaban cuidadosamente orquestados, ya fueran apariciones en el Hipódromo o audiencias concedidas a embajadores. En realidad, la accesibilidad a los emperadores estaba reducida por esa pompa y circunstancia, exaltando su imagen de individuo único escogido por Dios para gobernar el Imperio. Esa separación tenía consecuencias también para el gobierno, como describe el historiador T.E. Gregory:

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Al retirarse el emperador dentro de los estrechos confines del palacio y la corte, los que estaban próximos conseguían naturalmente un poder considerable, aunque no siempre el prestigio estaba asociado. Así, los miembros de la familia del emperador, especialmente su esposa y su madre, los chambelanes y otros miembros del servicio doméstico (que a menudo eran eunucos), veían su poder muy aumentado. Con frecuencia controlaban el acceso al emperador, y quienes quisieran presentar peticiones o ser escuchados por el emperador a menudo tenían primero que conseguir el favor de esas personas influyentes (41).

Muy pocos de sus súbditos podían llegar a ver nunca al emperador en persona, pero algo que la mayoría en todo el imperio había visto era su imagen. En monedas, medallones, pesas, placas, mosaicos y esculturas, el retrato del emperador estaba por todas partes. Otro aspecto visible del reinado de un emperador era su apoyo a las artes y el mecenazgo a los académicos. Se construían edificios, se reformaban los antiguos, se escribían nuevos manuscritos y se donaban tierras a la Iglesia y a los monasterios. La mejor oportunidad de la gente común para vislumbrar a su emperador era cuando cabalgaba hacia la iglesia, especialmente en las fiestas importantes como la Pascua, cuando la tradición era que el monarca tirara monedas de oro a la multitud.

Basil I
Basilio I
Classical Numismatic Group, Inc. (CC BY-SA)

Gobierno

El emperador contaba con la asistencia de varios ministros y consejeros:

  • el quaestor o principal autoridad legal
  • el magister officiorum, que controlaba la administración general del palacio, el ejército y sus suministros, y los asuntos exteriores.
  • el cursus publicus, que supervisaba el correo público
  • el comes sacrarum largitionum, que controlaba la casa de la moneda estatal y supervisaba las aduanas y las minas
  • el comes rei privatae, que controlaba las tierras imperiales
  • el prefecto urbano que era, básicamente, el alcalde de Constantinopla
  • y numerosos inspectores imperiales que eran enviados a las provincias para asegurarse de que allí se respetaban las leyes y las políticas.

Quizás la figura más senior del imperio, aparte del Emperador y del Patriarca, era el Prefecto del pretorio de Oriente, al que reportaban todos los gobernadores regionales del Imperio. Los gobernadores regionales supervisaban los consejos de cada una de las ciudades o curae, aunque estos podían hacer peticiones directamente al emperador, de forma que existía una cadena de autoridad tanto directa como indirecta, a través de la que se transmitía a la gente la política imperial.

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Las caras podían cambiar, pero lo más importante era la continuidad del gobierno y del éxito económico y militar.

La principal herramienta de gobierno, aparte de los funcionarios mencionados, era el Senado de Constantinopla, y en particular el pequeño grupo de aristócratas de élite que constituían el sacrum consistorium del Senado. Se suponía que el emperador, al menos en teoría, consultaba al consistorium en los asuntos de estado importantes.

En el siglo VIII, ante la amenaza cada vez más patente al Imperio por parte de sus vecinos, el emperador Heraclio (r. 610-641) cambió de forma permanente este sistema, de forma que los gobernadores regionales – ahora, efectivamente, comandantes militares regionales (strategoi) – eran responsables directos y reportaban al propio emperador, de forma que el cargo de Prefecto del pretorio quedó abolido.

Manuel I Komnenos
Manuel I Comneno
Unknown Artist (Public Domain)

Cambios de emperador

Se consideraba que el emperador bizantino había sido escogido por Dios para gobernar el imperio, y por tanto tenía el derecho de pasar el cargo a sus hijos (o incluso a sus hijas), pero hubo muchas ocasiones en que militares ambiciosos se aprovecharon de las crisis económicas o de alguna serie de derrotas militares a manos de potencias extranjeras, para hacerse con el trono por la fuerza. Con el respaldo del ejército o una parte importante de este, esas personas tenían la capacidad de interrumpir la línea dinástica y comenzar una nueva por su cuenta. Tal como resume aquí el historiador C. Mango, los emperadores, y en especial los que fracasaban, tenían que estar siempre atentos a posibles usurpadores:

De los treinta y nueve emperadores que gobernaron entre el 780 y 1204, diecinueve fueron depuestos por la fuerza, seis directamente asesinados, y otros dos murieron a resultas de ser cegados, el método estándar de inhabilitación. Se sospecha que hubo juego sucio en al menos tres muertes imperiales más y, de los cientos de conspiraciones y revueltas fallidas, al menos ocho representaron serias amenazas militares al régimen reinante. (201)

Había por tanto una clara separación ideológica entre la institución imperial y la persona que estaba a su cargo. Las caras podían cambiar, pero lo más importante era la continuidad del gobierno y, por encima de todo, los éxitos económicos y militares. Los emperadores a menudo utilizaban nombres que recordaban a predecesores ilustres; por ejemplo, Constantino fue adoptado por nueve de ellos. Se mantuvieron costumbres y tradiciones como los baños romanos, la arquitectura, la escultura monumental, las carreras de carros y el uso del latín y el griego ático, ayudando todo ello a crear la ilusión de continuidad, que se remontaba a los primeros emperadores romanos de Occidente. Incluso los que usurpaban el trono por medios violentos eran casi siempre militares de alta graduación, próximos al emperador y familiarizados con las interioridades del gobierno. Al hacerse con el trono, los usurpadores a menudo buscaban legitimar su posición casándose con familiares de sus predecesores y restaurando generosamente monumentos antiguos de su capital. Mediante esa continuidad, cuidadosamente orquestada, la posición del emperador bizantino pudo resistir rebeliones, invasiones y asedios, de forma que la institución sobrevivió sorprendentemente durante 12 siglos, hasta caer ante los otomanos en 1453..

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Sobre el traductor

Antonio Elduque
Soy doctor en Química y trabajo en el sector biomédico. También licenciado en Humanidades, especialmente aficionado a la Historia. Me gusta traducir porque obliga a una lectura lenta y cuidadosa, buscando el sentido del texto más que el significado de las palabras.

Sobre el autor

Mark Cartwright
Mark es un escritor de historia radicado en Italia. Sus intereses especiales incluyen la cerámica, la arquitectura, la mitología mundial y el descubrir las ideas que todas las civilizaciones tienen en común. Tiene un máster en Filosofía Política y es el director de publicaciones de la WHE.

Cita este trabajo

Estilo APA

Cartwright, M. (2018, abril 11). Emperador bizantino [Byzantine Emperor]. (A. Elduque, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/1-11376/emperador-bizantino/

Estilo Chicago

Cartwright, Mark. "Emperador bizantino." Traducido por Antonio Elduque. World History Encyclopedia. Última modificación abril 11, 2018. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-11376/emperador-bizantino/.

Estilo MLA

Cartwright, Mark. "Emperador bizantino." Traducido por Antonio Elduque. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 11 abr 2018. Web. 28 nov 2021.

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