El emperador romano

Definición

Donald L. Wasson
por , traducido por Carlos A Sequera B
Publicado el 30 abril 2018
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Disponible en otros idiomas: inglés, francés
Commodus (by Mark Cartwright, CC BY-NC-SA)
Cómodo
Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

Los emperadores romanos gobernaron en el Imperio romano, comenzando con Augusto en el año 27 a. C., y continuaron en el Imperio romano de Occidente hasta el siglo V tardío y en el Imperio romano de Oriente hasta mediados del siglo XV. Los emperadores tomarían diferentes títulos como Caesar e Imperator pero fue siempre su mando sobre el ejército lo que les permitió conservar el trono.

Antes del nacimiento del Imperio romano, al final del siglo I a. C., habían existido muchos imperios, entre ellos el asirio, el babilónico, el persa y el macedonio. Todos tuvieron grandes líderes como Ciro, Darío, Jerjes y, por supuesto, Alejandro Magno.

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Sin embargo, la historia nos dice que todos estos grandes hombres fueron llamados reyes, el término emperador nunca fue usado. En contraste, el Imperio romano era diferente, pues no tenía un rey, tenía un emperador, y hay que buscar tanto en la República romana como en el Imperio, casi mil años de historia, para descubrir las razones de la diferencia.

De la República a la era imperial

Antes de ser un imperio, Roma fue una república con una larga historia de gobierno «democrático». Después de la expulsión de los etruscos y su rey, la ciudad-Estado fue gobernada por un Senado o asamblea con magistrados electos, cónsules y tribunos, ambos con limitaciones del período en el cargo. Después de conquistar la península italiana, Roma adquirió considerables extensiones de territorio por medio de una agresiva campaña militar, principalmente en el norte de África, España, Macedonia y Grecia, además de varias islas a lo largo del Mediterráneo.

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Desafortunadamente, el tamaño de la república generó tensión en su liderazgo, líderes buenos y malos ascendían a través de rangos militares y políticos para ganar poder, hombres como Sila, Gayo (Cayo), Pompeyo y finalmente Julio César, este último asumiría el ominoso título de «dictador vitalicio». Como lo señaló un historiador, las diversas fuerzas económicas, políticas y sociales no podían ser contenidas por el liderazgo republicano por mucho tiempo; el cambio era inevitable.

Después del asesinato de Julio César por miembros del Senado en los idus de marzo una batalla, tanto política como militar, sucedió entre los miembros del llamado segundo triunvirato (Octaviano, Marco Antonio y Lépido) donde Octaviano fue el vencedor final.

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El primer emperador

OCTAVIANo prOnto SerÍa conocido como AUGUSTo, que SIGnifica «SAgraDo» O «VENerAble»

Octaviano, como general victorioso, había oído con frecuencia los gritos de sus soldados («imperator»), especialmente luego de haber derrotado a Marco Antonio. Luego, este título sería asumido automáticamente por sus sucesores, independientemente de su experiencia militar, una vez ascendidos al trono imperial. Después de dos décadas de guerra civil, Octaviano, el hijo adoptivo de Julio César, regresó a Roma como un héroe.

El pueblo celebró, esperando el retorno de la estabilidad que había sido la República. Octaviano, aunque inicialmente esquivo a los honores y al poder, pronto sería conocido como Augusto (un nombre con el significado de «sagrado» o «venerable»), cada vez tendría más autoridad, mucho más allá de la intención del Senado que inadvertidamente se la había concedido. Un historiador planteó esta pregunta: ¿fue Augusto un «tirano» que sigilosamente arrebató la libertad a los romanos o un estadista generoso que compartió el poder con el Senado con el consentimiento del pueblo de Roma?

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Como emperador, Augusto establecería las bases para todos aquellos que lo seguirían, desde Tiberio, su denigrado hijastro, pasando por la corrupción de Calígula y Nerón, la crueldad e incompetencia de Domiciano y, finalmente, hasta el último individuo en ser llamado emperador romano, Rómulo Augústulo, (curiosamente llamado así por uno de los míticos fundadores de la ciudad y por el primer emperador).

Augustus as Pontifex Maximus (Detail)
Augusto como Pontífice Máximo (Detalle)
Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

Poder absoluto

Si bien muchas de las estructuras que habían existido durante la antigua República perdurarían, como el Senado, solo existían de nombre. En un reino un rey tenía que responder ante una asamblea (por ejemplo, Inglaterra tenía un Parlamento, Francia tenía los Estados Generales). A menudo estas asambleas controlaban las finanzas del reino, pero en Roma el emperador podía recaudar y gastar a su antojo. El emperador Nerón, siempre necesitado de fondos, alegaba que había una conspiración, se apoderaba de la posesión de un senador desprevenido y lo asesinaba.

Después de Augusto, el Senado nunca más tendría autoridad real alguna, solo para respaldar los deseos del emperador. Aunque Augusto y sus sucesores tratarían a los senadores con un mínimo de respeto (la mayoría quería evitar la repetición de los hechos de los idus de marzo), el verdadero poder estaba en las manos del emperador y, para garantizar su propia seguridad, confiaba en sus guardaespaldas personales (la guardia pretoriana) que, en pocas décadas, ejercería un poder imprevisto incluso por el emperador Augusto.

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El senado romano Otorgó a AUGUSTO, y por tanto a sus SUCESORES, CIERTOS poderes dE pOR vida.

Con el consentimiento del Senado, Augusto asumió lentamente el liderazgo único del Imperio y, aunque no le gustaban los títulos (ni siquiera el de emperador), tomó el de «princeps» que significa «primer ciudadano». Inicialmente, fue cónsul (un cargo que otros emperadores también asumirían) y gobernador provincial (de Galia, Siria, Egipto y Chipre, lo que le dio control sobre la mayoría de los militares). Como emperador, comandaría veintiséis legiones.

El Senado le otorgó, y por tanto también otorgó a sus sucesores, ciertos poderes vitalicios: imperium maius, autoridad suprema sobre los gobernadores provinciales y tribunicia potestas o tribuno de la plebe, la autoridad para convocar a una asamblea del pueblo para promulgar leyes. Con sus nuevos poderes podía vetar las acciones de los magistrados (a quienes designaría luego) y, para dominar a aquellos que estaban a su alrededor, controlaba directamente el patronato imperial: nadie podía «postularse» a un cargo sin su consentimiento. También se inmiscuyó en la religión del imperio. Reconstruyó templos deteriorados, resucitó antiguas ceremonias religiosas y asumió el título de Pontifex Maximus o Sumo Sacerdote. Resumiendo, la palabra del emperador se convirtió en ley.

Sin embargo, a pesar de su creciente poder, seguía siendo popular entre el pueblo gracias a su constante suministro de granos, a los juegos (los que incluso presidía) y a los numerosos proyectos de reconstrucción. El historiador Suetonio, en su obra Los doce césares, escribió que el emperador mejoró la apariencia completa de la ciudad. «Encontré a Roma construida de ladrillos secados al sol, la dejé vestida de mármol». Quienes siguieron a Augusto continuarían la reconstrucción de la ciudad, especialmente sus acueductos, templos y anfiteatros. Muchos ciudadanos romanos creyeron que entraban a una nueva edad de oro.

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Las dinastías imperiales

Augusto (31 a. C. a 14) mantuvo el control del imperio, incluso durante su muerte y, como rey, nombró a su sucesor. En su caso fue Tiberio. Incluso el nombre Augusto se convertiría en un título, asumido por todos los que le siguieron. Pero el nombramiento de un sucesor es una de las pocas formas en las que un emperador es como un rey. En un reino, la tradición era la continuación de un linaje. La actual reina de Inglaterra procede de la casa de Windsor y se puede rastrear su ascendencia a través de los Hannover, los Estuardo, los Tudor, e incluso, los Plantagenet.

En cambio, el último emperador del Imperio romano ni siquiera estaba emparentado con su predecesor y mucho menos con Augusto. De hecho, solo algunos emperadores estaban relacionados por sangre. Tito y Domiciano eran los hijos de Vespasiano, mientras que Cómodo era el hijo de Marco Aurelio. Otros fueron adoptados: Tiberio, Nerón, Trajano y Marco Aurelio, mientras que Nerva fue elegido por el Senado. Algunos obtuvieron el trono por medio de la conquista o el asesinato: Galba, Otón, Vitelio, Vespasiano y Macrino. Uno incluso compró el trono: Didio Juliano. Sorprendentemente, algunos emperadores no llegaron a pisar Roma (Macrino y Maximino) mientras que en ocasiones podía haber más de un pretendiente, como en el año de los cinco emperadores.

Sin embargo, una vez que un individuo ascendía al trono mantenía el poder asociado a este. Y en la vanguardia de este poder estaba la guardia pretoriana. Mientras que la autoridad del imperio recaía en las manos del emperador, éste colocaba su vida en las manos de la guardia. Durante tiempos convulsos la guardia pretoriana era la que seleccionaba (y algunas veces destronaba) a un emperador.

Los guardias pretorianos, después de asesinar a Calígula, encontraron a Claudio encogido tras una cortina y lo llevaron a toda prisa al Senado que se vio forzado a proclamarlo emperador. Los guardias pretorianos, cuando finalmente se percataron de la ineptitud y la depravación de Heliogábalo, lo asesinaron al igual que a su madre y proclamaron a Alejandro Severo como nuevo emperador.

Caligula with Cuirass
Calígula con armadura
Carole Raddato (CC BY-SA)

Lamentablemente, la vida de un emperador no siempre estaría satisfecha con asistir a ceremonias fastuosas, dirigir campañas militares y dictar leyes. A menudo se sentaría en el trono, paranoico, temeroso de sus allegados. De los doce primeros emperadores, de Augusto a Nerva, cuatro morirían naturalmente (aunque algunos cuestionan una o dos de estas muertes), cuatro serían asesinados, dos cometerían suicidio y dos serían envenenados o asfixiados; como un historiador lo describió, «el poder supremo traía el riesgo supremo». Era raro que un emperador abdicara o muriera de causa natural ya que siempre existía la posibilidad de ser destronado.

El poder autocrático del emperador duraría, pese a los destructivos reinados de Calígula, Nerón, Cómodo y Heliogábalo. El imperio, afortunadamente, vería la fortaleza de hombres tales como Vespasiano, Trajano, Marco Aurelio y Constantino; se ganarían y perderían territorios, el imperio se expandiría y contraería pero de alguna manera, a pesar de lo bueno y lo malo, el imperio sobreviviría.

Deificación

el emperador Ocupaba un lugar eSPECIAL eN los corazones y las menTeS de LOS ROManos, TANTo eN la vida COMO En la muerte.

El emperador tenía un lugar especial en los corazones y las mentes de los romanos, tanto en la vida como en la muerte. Esta adoración por el líder imperial conduciría a su eventual deificación o apoteosis. Sin embargo, este tipo de honor o culto imperial no era único de Roma; se remontaba a Alejandro Magno, quien no se consideraba hijo de Filipo II sino hijo de Zeus.

El emperador Augusto fue tratado como una deidad durante su reinado, en honor a él se construyeron altares y templos a lo largo del imperio (Pérgamo, Lyon y Atenas) pero ninguno fue construido en Roma (al menos mientras estuvo vivo). Aunque él pueda haberse considerado el hijo de un dios, nunca permitió que se le llamara dios. Después de su muerte el Senado lo deificó, al igual que lo hizo con muchos de los que lo sucedieron, por ejemplo: Antonino Pío, Adriano, Marco Aurelio, Trajano y Alejandro Severo.

Con frecuencia, un emperador iniciaría la deificación de su predecesor. Desafortunadamente, emperadores tales como Tiberio, Calígula, Nerón, Cómodo y Heliogábalo fueron considerados muy «odiosos» para recibir el honor. Tanto Calígula como Nerón se consideraban dioses mientras estuvieron vivos y Cómodo pensaba que era la reencarnación de Hércules.

Byzantine Empire c. 460 CE
Imperio bizantino c. 460 d. C.
Tataryn77 (CC BY-SA)

División del Imperio

Después de un largo de período de emperadores verdaderamente incompetentes, Diocleciano llegó al poder en 284. La Pax Romana o paz romana había estado muerta desde hacía más de 100 años. El imperio estaba siendo atacado por todos lados y estaba al borde del colapso. Diocleciano identificó la principal deficiencia del imperio: su tamaño. Para resolver el problema creó la tetrarquía o gobierno de cuatro. Dividió al imperio en dos partes, una con capital en Roma y otra con capital en Nicomedia (la cual sería trasladada posteriormente a Bizancio o Constatinopla por el emperador Constantino).

El principado iniciado por Augusto fue reemplazado por el dominado, sin embargo, Diocleciano reforzó las fronteras, desarrolló una burocracia más eficiente y estabilizó la economía. Lamentablemente, mientras la mitad oriental florecía, la occidental decaía, incluso la ciudad de Roma cayó en la ruina hasta que, finalmente en 476, el último emperador se rindió. El conquistador de la ciudad, Odoacro, no aceptó el título de emperador.

Conclusión

La mayor parte del pueblo del Imperio romano se mantenía razonablemente feliz, incluso en los tiempos difíciles, siempre que los emperadores le suministraran granos para el pan y juegos o entretenimiento. Se construyeron monumentos duraderos en honor a muchos de los emperadores: las termas de Caracalla y Nerón, el arco de Constantino y la columna de Trajano. El emperador era un gobernante absoluto que ofrecía estabilidad para el pueblo. Nunca fue un cargo constitucional: en pocas palabras, el emperador era la ley.

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Sobre el traductor

Carlos A Sequera B
Carlos es ingeniero metalúrgico de Barquisimeto, Venezuela. Desde la infancia se sintió muy atraído por la geografía y la historia antigua. Leer sobre estos temas se convirtió en una afición y fortaleció sus conocimientos sobre historia.

Sobre el autor

Donald L. Wasson
Donald ha enseñado Historia Antigua, Medieval y de los Estados Unidos en el Lincoln College (Normal, Illinois) y siempre ha sido y será un estudiante de la historia, desde que aprendió sobre Alejandro Magno. Está ansioso por transmitir el conocimiento a sus alumnos.

Cita este trabajo

Estilo APA

Wasson, D. L. (2018, abril 30). El emperador romano [Roman Emperor]. (C. A. S. B, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/1-1032/el-emperador-romano/

Estilo Chicago

Wasson, Donald L.. "El emperador romano." Traducido por Carlos A Sequera B. World History Encyclopedia. Última modificación abril 30, 2018. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-1032/el-emperador-romano/.

Estilo MLA

Wasson, Donald L.. "El emperador romano." Traducido por Carlos A Sequera B. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 30 abr 2018. Web. 26 sep 2022.

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